Historias y cuentos

Leyendas de terror El expendedor de golosinas

Leyendas de terror El expendedor de golosinas

Cuando era pequeño mi mamá siempre me decía que no comprara nada en la calle, al menos que dichos productos vinieran empaquetados de fábrica. Creo que la principal razón de este consejo era para que no me enfermara del estómago por comer algo descompuesto, aunque sospecho que oyó una que otra de esas leyendas de terror que aún hoy en día circulan en las calles.

Hablando de esto, les quiero relatar la historia de un sujeto que vendía dulces afuera de un colegio. En el puesto ambulante había toda clase de chucherías, es decir, desde papas fritas y chicharrones hasta gomitas y malvavisco.

La mayoría de su mercancía estaba empaquetada en bolsas de celofán, atadas con un listón de color llamativo. Los precios iban desde los cinco hasta los $10, dependiendo del tipo de dulce que quisiera el chiquillo.

Al principio ni los padres de familia, ni los responsables del colegio hicieron nada para que este hombre dejara de ofertar comida chatarra a los infantes. Sin embargo, a las pocas semanas de que ese hombre empezó a vender su producto, los niños se ausentaron de la escuela.

Un alto porcentaje de ellos tenía los mismos síntomas, o sea, parecían de una fuerte diarrea. Este asunto llegó hasta el departamento de salubridad estatal, quien mandó inspeccionar el puesto del vendedor.

Luego de los análisis se descubrió que casi todas las golosinas estaban cubiertas por un polvo sin sabor, que se utiliza en la industria para deshacerse de roedores así como de otro tipo de plagas.

El expendedor de dulces fue detenido y entrevistado por los oficiales. Éste les dijo que no era la primera vez que lo hacía, pues pensaba que todos los niños no debían disfrutar de su infancia comiendo golosinas, porque a él su padre le pegaba cada vez que compraba alguna chuchería con el dinero del almuerzo.