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Historias y cuentos

Mitos muy cortos El ciego de la plazuela


En los pueblos hay plazuelas en los que la gente se suele reunir para pasar el tiempo durante el fin de semana. La verdad es que son sitios muy lindos para ser visitados. Tienen bancas de hierro o de madera, una fuente y también puestos de comida en donde puedes comprar desde fruta hasta algodones de azúcar.

Precisamente cerca de la fuente se sentaba un ciego quien pedía limosna acompañado solamente de un cartel en el que exponía al mundo su condición de invidente y una lata vieja y oxidada que era en donde guardaba las monedas.

Emanuel quien laboraba por ahí, a menudo pasaba y le dejaba unos cuantos pesos para ayudarlo.

El ciego pronto reconoció el andar de Emanuel y comenzó a hacerle plática. Luego de unas cuantas semanas ambos se saludaban cortésmente y hasta pasaban unos cuantos minutos charlando.

– Sabes, tú me recuerdas mucho a mi hijo. Tienes casi su misma voz. Dijo el invidente.

– ¿Y dónde está su hijo ahora? Preguntó Emanuel.

– Murió hace mucho tiempo. Fue enviado a la guerra y desafortunadamente ya no regresó. Yo también combatí en varias batallas, es por eso que perdí la vista. El psicólogo que me atendía me repetía muchas veces que no debía caer en depresión. Después se agotó mi dinero y ahora estoy aquí pidiendo limosna para sobrevivir. Replicó el ciego.

Emanuel sintió mayor empatía para con el discapacitado y continuó hablándole. Un día el hombre de la fuente le entregó un paquete a Emanuel y le dijo:

– Quiero pedirte un último favor. ¿Podrías llevar este paquete a la dirección que trae escrita antes de las 12 del día?

– Por supuesto que sí. Pero porqué dice “último favor”.

– Es que quizá mañana ya no nos veamos. Ya sabes, cosas de viejos.

Emanuel fue la dirección y se sorprendió al ver que se trataba del campo militar número 25. Llamó a la reja y miró su reloj, faltaba menos de un minuto para la hora marcada.

En ese instante el paquete que llevaba en las manos voló en pedazos. Terminando con la vida del pobre Emanuel. Estos son el tipo de mitos muy cortos que puedes ver en aquella plazuela.

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Microcuentos de terror El avistamiento fortuito

Microcuentos de terror El avistamiento fortuitoFernando iba en su bicicleta a gran velocidad, cuando vio un objeto sumamente brillante en el cielo.

– ¡Qué extraño! Por aquí no pasa ningún avión. Lo más probable es que se trate de un ejercicio militar. Pensó.

Del ovni salió un halo de luz de color verde, el cual iluminó la senda por la que seguía transitando Fernando. Esto hizo que instintivamente él la comenzara a perseguir como si se tratara de un faro.

Siguió colina abajo hasta que una de las llantas de la bici chocó con una roca haciéndole perder el equilibrio y depositándolo en el fango.

En el momento en el que se incorporó, vio que la nave descendió en un claro y abrió una de sus compuertas (la escena parecía sacada de uno de los microcuentos de terror que me contaba mi abuelo). De ésta se asomó una banda transportadora, misma que dejó una caja plateada del tamaño de un ataúd en el suelo.

Después de esto, la nave volvió a su estado natural y emprendió el vuelo para perderse entre las nubes y la oscuridad.

Fernando aunque estaba en un estado de shock, sintió muchísima curiosidad por observar más de cerca a que el féretro plateado.

– ¿Qué tal que se trata de un extraterrestre fallecido? ¿O de un dispositivo para dominar la mente humana? Ese era el tipo de pensamientos que cruzaban por su mente.

Tocó la tapa del sarcófago con su mano derecha y notó que estaba floja. Hizo fuerza hacia un lado y logró quitarla por completo. El ataúd extraterrestre estaba vacío.

Desconozco cuál fue el motivo, pero el caso es que después de esto Fernando entró al féretro como si estuviera en trance. Éste se cerró herméticamente y en menos de una hora la nave nodriza regresó por él.

Quienes creen que entre nosotros hay vida extraterrestre, afirman que ésta es una táctica de crear una nueva raza que se puede confundir con los humanos para que poco a poco se puedan integrar a nuestra cultura hasta que llegue el día en que nos dominen. Por supuesto, los escépticos no están de acuerdo con esta teoría.

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Leyendas de terror El expendedor de golosinas

Leyendas de terror El expendedor de golosinas

Cuando era pequeño mi mamá siempre me decía que no comprara nada en la calle, al menos que dichos productos vinieran empaquetados de fábrica. Creo que la principal razón de este consejo era para que no me enfermara del estómago por comer algo descompuesto, aunque sospecho que oyó una que otra de esas leyendas de terror que aún hoy en día circulan en las calles.

Hablando de esto, les quiero relatar la historia de un sujeto que vendía dulces afuera de un colegio. En el puesto ambulante había toda clase de chucherías, es decir, desde papas fritas y chicharrones hasta gomitas y malvavisco.

La mayoría de su mercancía estaba empaquetada en bolsas de celofán, atadas con un listón de color llamativo. Los precios iban desde los cinco hasta los $10, dependiendo del tipo de dulce que quisiera el chiquillo.

Al principio ni los padres de familia, ni los responsables del colegio hicieron nada para que este hombre dejara de ofertar comida chatarra a los infantes. Sin embargo, a las pocas semanas de que ese hombre empezó a vender su producto, los niños se ausentaron de la escuela.

Un alto porcentaje de ellos tenía los mismos síntomas, o sea, parecían de una fuerte diarrea. Este asunto llegó hasta el departamento de salubridad estatal, quien mandó inspeccionar el puesto del vendedor.

Luego de los análisis se descubrió que casi todas las golosinas estaban cubiertas por un polvo sin sabor, que se utiliza en la industria para deshacerse de roedores así como de otro tipo de plagas.

El expendedor de dulces fue detenido y entrevistado por los oficiales. Éste les dijo que no era la primera vez que lo hacía, pues pensaba que todos los niños no debían disfrutar de su infancia comiendo golosinas, porque a él su padre le pegaba cada vez que compraba alguna chuchería con el dinero del almuerzo.

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¿Cómo atraer la atención de los niños hacia los cuentos cortos?

Vivimos en una época en la que los pequeños se sienten mucho más atraídos por los aparatos tecnológicos, que por un simple libro. No obstante, jamás debemos dejar de lado el hecho que la lectura es una de las herramientas fundamentales para su desarrollo mental.

Es por esta razón, que el día de hoy te daremos algunos tips acerca de ¿cómo se pueden escribir cuentos cortos atractivos? inclusive en la actualidad.

cuentos cortos

La primera instrucción que debe seguirse al momento de componer historias infantiles nuevas es saber perfectamente a qué tipo de público te vas a dirigir. Por ejemplo, si son niños muy pequeños (aquellos que apenas van a entrar a primaria), procura que las situaciones o frases que utilices a lo largo de toda narración, no sean confusas.

En este sentido, lo mejor es utilizar locuciones breves por ejemplo “los niños inteligentes se lavan los dientes”. Con esta clase de frases, lo que estás haciendo indirectamente es que el niño no sólo se interese por el cuento, sino que de forma subliminal quiera buenos hábitos de higiene.

Por otro lado, los niños que ya han cumplido de ocho a once años aproximadamente, lo que buscan son relatos un poco más extensos y “complejos”.

Un consejo a la hora de redactar un escrito que va dedicado a los infantes es que te dejes de prejuicios y comiences a pensar de nuevo como un niño. Céntrate en las cosas que te hacían gracia cuando tenías esa edad.

Recuerda que nunca es bueno apresurar el desarrollo imaginativo de los pequeños, tratando de que se conviertan en adultos en el menor tiempo posible. Al contrario, hazlos que reflexionen sobre lo bello que es ser niño, puesto que es una etapa de la vida que en absoluto regresará por completo, una vez que llegue la adolescencia.

Para cerrar esta entrada, lo único que nos resta decirte es que si quieres puedes adicionar ilustraciones a tu libro de cuentos cortos (aunque no exageres, pues no se trata de un álbum de fotografías).

Te invito a leer esta leyenda de terror fascinante

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Cuentos de terror sobre arañas Una fobia incontrolable

La definición más sencilla de fobia es la siguiente: El terror que una persona siente hacia otro individuo o situación en particular. De esta manera, muchos autores han aprovechado este contexto para generar relatos que espantan a una cierta parte de la población.

Es sabido por muchos que el ser humano generalmente siente aversión por los insectos, sobre todo aquellos que con su veneno pueden llegar a causar la muerte. Por lo tanto, uno de los más utilizados en crónicas de miedo son los arácnidos, a quienes se les percibe como entes portadores del mal.

Cuentos de terror sobre arañas Una fobia incontrolable

En los cuentos de terror sobre arañas podemos ser testigos de las peripecias que tienen que pasar los protagonistas a quienes se les expone a situaciones en las que no hay lugar para la calma.

A continuación daremos un pequeño ejemplo de lo que podría ser un cuento de terror acerca de arañas ponzoñosas:

Isabel llegó temprano a su trabajo, pues quería adelantar ciertos proyectos para así poder entregarlos más pronto y ser reconocida por sus jefes. Ingresó a su oficina y comenzó a acomodar unos papeles.

De repente vio que en el suelo junto al escritorio había una araña de color negro atrapada entre los pelos de la alfombra. Tomó su zapato y mató velozmente aquel insecto. Sin embargo, pocos minutos después vio que otra araña parecida a la que había matado colgaba del techo. En tanto que otra más se iba aproximando a ella por la pared.

Intempestivamente saltó de la silla y abandonó el cubículo, sólo para encontrar que el pasillo estaba completamente lleno de arácnidos. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que no había lugar a donde correr, por lo que su única opción fue saltar por la ventana hacia la planta baja.

Así lo hizo y aunque quedó con el rostro desfigurado y sin poder caminar sin ayuda de muletas, Isabel milagrosamente salvó su vida.